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POEMA POR EL PASTOR ALEX MARÍN

POEMA POR EL PASTOR ALEX MARÍN

POEMA

POR EL PASTOR ALEX MARÍN

POSDATA DE CRISTO A LA IGLESIA

En las vigilias de la noche, habla conmigo amada de mi alma. Al clarear la mañana, levanta tu voz hermosa, quiero escucharte. Enviaré el rocío de mi presencia, te cubriré de amor… Alrededor de tu casa he puesto guardias, porque salteadores merodean para arrebatar tu corazón.

No me olvides preciosa mía; recuerda cuando te hice princesa, oh hermosa hija del Rey. ¿Por que hoy ya no expresas tus alabanzas con el fervor y la pureza como antes yo oía? ¿Acaso en algún momento de tu existencia te he dejado sola? ¿A tus hijos les ha faltado el pan o el vestido? Cuando la enfermedad ha tocado a tu puerta, mi medicina ha expulsado todas tus dolencias.

¿No he sido pues propicio a tus necesidades? Cuando delante de mí tu queja expones ¿se han cerrado mis oídos para no escucharte? He contestado a todas tus inquietudes, he sido un juez amoroso y justo contigo, tus problemas he resuelto. Porque aunque tú me olvides y no me ames como al principio, yo a ti, aún te sigo amando.

¿Sabes? Muchas veces, aún sin tú entenderlo, cuando caminabas por el valle de las sombras de la muerte, estando tus pies al borde del abismo y pronto a caer en la boca abierta del abadón, hasta allí llegó descendió mi mano para socorrerte.

Mejor. Porque hoy no vuelves a mí, y nuevamente me das tú corazón necesitado…

Amada mía, vuelve… Vuelve a recrearte en el manantial que brota en la tierra que nace en el oriente, donde en el alba el sol se levanta, desde el lugar donde está establecido el trono de mi  gracia.., levántate y salta mi gacela delicada. Corre; corre como venado ágil por las llanuras y los collados, y gime; gime con las tonadas que se enlazan en las partituras de tú alma; no temas, no te detengas. Bate con tus labios el sonido musical de tus loores; alaba, canta, sigue alabando, pues son sólo tus cantos, amada alondra, los que desea mi alma.

Oh redimida de mi brazo, favorecida y bendita, yo te miré desde lo Alto. Cuando ni arpa, ni pandero, ni flauta tocabas; cuando sin canto habitabas en el desierto árido, insistí en mi corazón que debías llevar mi alabanza.

Aún sigo esperando. Vuelve, ven a mí y bríndame tu canto. Porque tras de ti, muchas anhelan imitarte; Suenan palmas, gritan, saltan. Se regocijan en sí mismas, se emocionan con sus danzas; e imaginan agradarme, ofreciendo con orgullo, cantidad de palabras.

Oh si tú supieras, si cuenta hoy te dieras, cómo me alegra cuando adoras con tu espíritu ferviente y corazón sincero; Levantarías tus alas, emprenderías tu vuelo; nubes serían despejadas en tu irradiante ascenso; y las puertas de cielo se abrirían presurosas para escuchar de nuevo tu melodía de ensueño…

Mientras cantabas, la noche que cubría tus terrenos, por fin fue disipada. Fue en un instante, que decidí venir a tu encuentro. Algunos de los que llamé, ya se habían marchado, no resistieron en pie y se durmieron. Otros, a lo lejos ni siquiera habían velado, y de los pocos que allí estaban, sólo tú Paloma mía me esperabas. Cuando la niebla de la oscura madrugada se alejaba, cuando la luz de la mañana ya se disponía, te llamé porque despierta aún estabas. Y te dije: Sube… Sube pronto a mis alturas oh princesa enamorada. Ven que quiero desposarte. En mi mano una corona de oro fino con diamantes, colocaré en tu frente para adornar tu cara. Y en tu cuerpo pondré mi manto de justicia, como señal que mi palabra y mis promesas, son cumplidas de verdad, en la Esposa y amada Iglesia, que a JESÚS, Señor deseado, sigue esperando…

Por lo tanto; retén el tesoro que te he dado. Porque en breve, ya no tardo, apareceré en las nubes y tú perfecta amada, volarás junto conmigo, para celebrar por siempre nuestra boda celestial, nunca antes presenciada.

ALEX MARÍN (PASTOR).

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